Subir a la cima de una montaña requiere de mucha determinación, de una preparación física importante y constante. Además de conocer todas las técnicas para escalar correctamente hay que tomar en cuenta la seguridad al practicar el deporte conocido como montañismo.

Un factor determinante es conjugar todo lo antes mencionado con la práctica de la meditación y la observación. Suena a algo místico y quizás no sea asociado meditar con la adrenalina que produce la experiencia de subir una montaña, hacer senderismo, trekking, Andinismo, Alpinismo entre otras distintas formas de práctica del montañismo actualmente.

Hay un episodio histórico digno de recordar: puntualmente la gesta heroica del “Cruce de los Andes en donde jóvenes patriotas encabezados por el General San Martín enfrentaron la cordillera de los Andes bajo el inclemente frío y con las precarias condiciones de la época. Podría hacerse un ejercicio de imaginación y pensar que pudo haberlos mantenido en pie ante tanta adversidad.

Aparte de un enorme sentido de patriotismo, podemos presumir que muchos de los que sobrevivieron tenían una mente enfocada en el propósito del viaje, una concentración especial

y ejercicios de meditación inspirados por el paisaje.

Así como el que practica cualquier disciplina que requiere concentración, las personas que practican montañismo, senderismo, etc. requieren tener una mente a tono con su preparación física, una capacidad de lidiar con situaciones estresantes y de alto riesgo y la posibilidad de tomar decisiones efectivas en un periodo de tiempo corto.

Todas estas herramientas se desarrollan con la práctica consciente de la meditación y su variante más científica y occidental el mindfulness (conciencia plena).

El entrenamiento no es sólo físico, también es mental, un corredor de maratón sabe que en algún momento, al llegar a los 30 kilómetros se encontrarán con “la pared” y allí necesitarán de toda la fortaleza que les pueda brindar una mente enfocada en el objetivo.

La práctica de la meditación enriquece la experiencia del montañista, lo hace sentirse más presente y alerta a la vez.