Si se trata de mezclar diversión, adrenalina y naturaleza en un mismo plan, lo ideal es el montañismo. Esta actividad tiene infinitas ramas, cada de una de las cuales se adaptan a las características particulares de cada persona, como puede ser su edad, su condición física, su tiempo, su disposición y sus objetivos.

El montañismo puede ir desde escalar una empinada y peligroso pendiente hasta un simple paseo entre los árboles y la naturaleza. Es por esto que es ideal tanto para los más intrépidos que buscan inspiración a través de un estimulante subidón de adrenalina como para los que prefieren relajar la mente y el cuerpo en interacción con los elementos naturales del medio.

Esta actividad permite recuperar conexiones antiguas como las que tenían nuestros antepasados con los elementos naturales como son los árboles, la tierra, el aire fresco; el sentimiento de libertad que brindad las áreas verdes. Estas conexiones con la madre naturaleza nos hacen sentir un poco más vivos, un poco más humanos, y nos devuelven nuestra esencia como ser.

Los más osados eligen la aventuras que requieren de una mayor entrega física y una mayor disposición a enfrentar el peligro que representa la inmensidad de la naturaleza en una montaña. Estos se enfrentan a riesgos de carácter natural, aunque también pueden ser traicionados por sus propios cuerpos. Por esta razón es muy recomendable practicar este tipo de actividades en colectivo, y solo hacerlas a solas cuando se logre una experiencia mucho mayor.

Lo divertido del montañismo radica en olvidar el mundo real y enfocar la atención en el presente, en la naturaleza que nos rodea y visualizar, al menos unos segundos, una vida sin ciudades, sin tecnología, solo en relación con lo esencial, los árboles, los demás seres vivos que nos rodean, el sol, la lluvia: lo natural.