El montañismo no solo trata de la escalada de grandes montañas, sino que hay una serie de modalidades que varía su grado de dificultad.

Senderismo y trekking

El senderismo es una de las modalidades de menor riesgo, por medio del cual la persona que lo practica estrecha su relación y su conocimiento de la naturaleza y las comunidades que habitan en ella, al transitar un recorrido específico siguiendo los senderos naturales o los ya creados por la civilización. En cambio, en el trekking el objetivo es también recorrer un espacio pero evitando tener contacto con cualquier sendero o camino que lleve al contacto directo con la civilización. De esta manera, es más estrecha la relación y la lectura que debe hacerse de la naturaleza para entender sus señales y terminar la actividad con éxito.

Excursionismo de alta montaña

El excursionismo de alta montaña ya representa mayores retos para los deportistas. En algunos casos esta actividad supone grandes peligros para quienes lo practican, como el caso vivido por Natalia Martínez al sufrir varias avalanchas mientras se encontraba en una montaña de más de 6.000 metros de alturas. Sin embargo, aunque hay peligros que no pueden controlarse, sí hay un conjunto de medidas especiales que deben cumplir los deportistas para mermar los riesgos.

Escalada de montaña

En la escalada se utilizan anclajes que dotan de seguridad al deportista para llegar a la cima. En este tipo de actividad se requiere tanto de un equipamiento especializado como de técnicas previamente prácticadas a fin de minimizar el grado de riesgo.

Esta modalidad puede hacerse también en hielo, lo que supone otro tipo de equipamiento especializado tal como los piolets y los crampones que aseguran tanto los pies como las manos a la pared que se esté escalando.

En ambos casos la dificultad de la actividad se incrementa no solo por las condiciones climatológicas, sino también por la inclinación de la montaña.